Pintaba mal.
Muy mal.
Pero pensé:
No pasa nada, tengo un chubasquero, si, seguro, tiene que estar en alguna parte.
Lo que no recordaba es que era amarillo pollo.
Estaba claro, lo dejé en casa.
He tenido suerte, no me ha caído ni una gota y que gozada, he disfrutado todo el camino de una brisita fresca y de unas preciosas nubes de tormenta que jugaban con el sol llenando el cielo de colores. Hoy es el día que más he tardado en hacer el recorrido pero que más da, el espectáculo ha valido la pena.